El Heraldo
Sam Peckinpah: La violencia como estilo
En la década del ´60 del siglo pasado el sistema de producción y exhibición del cine norteamericano languidecía, principalmente, por la competencia de la televisión que había hecho descender a la mitad la concurrencia de los espectadores a las salas de cine en menos de diez años. La aparición de nuevos formatos de proyección en pantallas panorámicas como el Cinemascope y el Technirama fueron infructuosos para impedir la eclosión que se produjo en los históricos y grandes estudios que durante más de cuarenta años habían dominado la taquilla no solo en los Estados Unidos sino también en todo el mundo. Las transformaciones sociales, el efecto psicológico de los veteranos de las guerras de Corea y Vietnam, la incursión de ideologías pacifistas, el desinterés de la juventud respecto a la temática tradicional de las películas impulsadas por los grandes estudios y el agotamiento de ciertos géneros como el western fueron elementos que coadyuvaron al declive de la cinematografía norteamericana.Eso permitió que en los ámbitos cinéfilos se generara el interés por propuestas generadas por creadores de otras latitudes imbuidos de una temática personal, definida, revolucionaria (en cierto sentido) que redefinió conceptos, valores y expectativas. Ingmar Bergman, Federico Fellini y Francois Truffaut, entre otros, a partir de la repercusión que sus películas tenían en los festivales de cine, generaron el interés de una importante legión de seguidores. Por otra parte, un grupo de jóvenes norteamericanos encontraron en producciones independientes la posibilidad de acercar inquietudes artísticas reflejando la rebeldía juvenil en una sociedad fracturada, golpeada y severamente hipócrita.Algunos arriesgados artistas aventuran hipótesis de tramas que involucraban las inquietudes que evidenciaban, sobre todo, los jóvenes. Era la visión de un país desconocido y envuelto en el “sueño americano” que se deshilachaba y desmoronaba. Así, los arrestos individuales de John Cassavettes, Arthur Penn, Mike Nichols y Dennis Hopper, entre otros, revitalizaron el cine norteamericano, en producciones independientes y manteniendo la decisión de la versión final de sus películas (lo conocido como cut director – el corte del director) sin la injerencia de los productores, como habitualmente lo hacían los grandes estudios). Algunos de ellos llegaron de la televisión, como Sidney Lumet, Martin Ritt y Stanley Kramer. Dentro de los directores que pudieron concretar una filmografía particular e independiente y que habían hecho una incursión previa en la televisión, uno de los más personales fue Sam Peckinpah. David Edward Samuel Ernest Peckinpah, nació en Fresno, una ciudad ubicada en la zona agrícola del estado de California, Estados Unidos, el 21 de febrero de 1925. En su familia había antecedentes de empresarios prósperos y su abuelo materno, Denver S. Church fue abogado, juez y miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Como marine participó en China en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y una vez retornado a su país se interesó por la poesía y el teatro. Peckinpah con poco más de veinticinco años comenzó a trabajar como ayudante de escenografía en los sets de televisión de la CBS. Y en 1958 dirigió uno de los episodios de la serie “Flecha rota”. A partir de ese momento, fue el director de 4 episodios de la serie “El hombre del rifle”, protagonizada por Chuck Connors, en 1958-1959; 3 episodios de “Zane Grey Theatre”, en 1959-1960, Klondike (1960) y 5 episodios de “The Westerner”, serie creada por él, en 1961. En ese mismo año comienza su carrera cinematográfica con “Obsesión de venganza”. Desde los episodios de las series, Peckinpah demostró que estaba dispuesto a reversionar el western. Un género que, paulatinamente iba decayendo en el interés del público y que luego, directamente pasó a ser prácticamente olvidado. El otrora héroe en las películas de John Ford y otros exponentes es, en la versión de Peckinpah, poco más que un paria, quebrantado y frustrado, marginado de los ámbitos que frecuenta. Si bien su carrera fue de 13 films y 1 sin acreditar a lo largo de veinte años, su mayor aporte al cine fue redefinir la violencia a partir de las transformaciones sociales que se fueron dando en esos años. Lo hizo en un momento en el cual desde Europa y con capitales de esos países se había difundido el “western spaghetti” a partir de las películas realizadas en Cinecittà y en los páramos de Almería, dirigidas por Sergio Leone, Sergio Corbucci y Enzo Castellari, con una estética bizarra, escenarios naturales, primeros planos, uso del zoom permanentemente y personajes que mucho tenían de “malos y feos” como alude Leone en una de sus películas más conocidas.Después de “Obsesión de venganza”, Peckinpah realizó “Pistoleros al atardecer” o “Duelo en la alta sierra” (1962), con Randolph Scott y Joel Mc. Crea. Como metafóricamente se puede derivar del nombre, se alude a un veterano sheriff ex partícipe de la guerra civil al que se le encarga, en sus años otoñales, resguardar el transporte de oro desde un pueblo minero a un banco. Se esbozan con claridad las características del cine de Peckinpah, con duelos, tiroteos, abusos y un particular de las secuencias de acción.“Juramento de venganza” (1965), su siguiente película aborda la guerra de secesión con Charlton Heston, James Coburn y Richard Harris, con una persecución de apaches hasta México. Por esta película, Peckinpah se enemista con la empresa Columbia e incluso critica la versión final de la misma porque el estudio había realizado cortes para reducir la duración de la película sin la autorización del director. Con “La pandilla salvaje” (1969) comienzan los diez años en los cuales Peckinpah realizó sus películas más representativas y recordadas. Fue considerada por los críticos como “la película más violenta que se haya filmado jamás”. Es, al decir del crítico Ángel A. Pérez Gómez en el libro “Hallazgos, falacias y mixtificaciones del cine de los ´70”, “un testimonio más de la decadencia. Sus héroes son perdedores, hombres irremisiblemente condenados a perecer (…) Peckinpah no tiene piedad con sus personajes. Nos lo presenta viejos, acosados, derrotados, haciendo esfuerzos sobrehumanos para sentirse vivos”. “Es una reflexión lúcida sobre una concepción de la vida fundada en el dominio del más fuerte, el desprecio por la vida humana y la servidumbre del dinero”. Se la ha vinculado con la guerra de Vietnam y su violencia desenfrenada, irreal, absurda y hasta surrealista. La película contaba con un notable elenco donde se destacaban William Holden, Ernest Borgnine y Robert Ryan. El uso de la cámara lenta y la centralidad del color rojo de la sangre son elementos que, en esta película y en las sucesivas, utilizó Peckinpah. Peckinpah fue nominado al premio Oscar por la adaptación del guion, conjuntamente con Walon Green y Ron N. Sickner.El agotamiento del western tradicional y en particular de los mitos, las quimeras y las sobrevaloraciones que se habían reflejado en el cine respecto de los años en que se comenzaba a poblar el oeste norteamericano, se ve también en la siguiente película de Peckinpah, “La balada del desierto” (1970) (a la que siempre consideró como su preferida), con Jason Robards y Stella Stevens, un film nostálgico, melancólico y romántico sobre un hombre que, abandonado en el desierto, incursiona en el amor. Continuó en el género con “Pat Garrett & Billy the kid” (1973) y la historia varias veces llevada a la pantalla respecto al enfrentamiento, con dosis de cacería, entre los dos nombrados en el título, interpretada por Jason Robards y Kris Kristofferson. Bob Dylan interpreta a un personaje llamado “Alias” y fue el autor de la banda sonora del film. En “Traigan la cabeza de Alfredo García” (1974), el director imprime un sesgo surrealista a la trama. Un hacendado millonario contrata a un grupo de forajidos para asesinar a Alfredo García que había enamorado y embarazado a su hija. Con Warren Oates y Emilio “indio” Fernández, un reconocido actor y director mexicano que participó también en otras películas de Peckinpah.En el período más importante del cine de Peckinpah se ubican las dos películas que evidencian con mayor nitidez la peculiaridad de su cine. “Los perros de paja” (1969) rodada en Inglaterra, basada en un libro de Gordon Williams cuenta con las actuaciones de Dustin Hoffman y Susan George. Un matemático y su esposa llegan para habitar una casa en un pequeño poblado de la región de Cornwall al Oeste de Inglaterra y es atacada violenta y crudamente por un grupo de energúmenos. El efecto que las agresiones provocan y la disputa entre el intelecto y la bestialidad y la tensión constante parecen permitir a Peckinpah transmitir un clima de época. Más allá de conductas, inexplicables algunas de ellas que, en su momento, fueron catalogadas de misóginas y la crudeza de las escenas; la consideración de la cobardía o la venganza; el hecho de exponer a una persona pacífica a situaciones límites y provocar reacciones que exceden al equilibrio y la templanza fueron elementos sustanciales que configuraron un atractivo convirtiendo a la película en una de culto. “La fuga” (1972), película interpretada por Steve McQueen y Ali MacGraw, basada en una novela de Jim Thompson y con guion de Walter Hill. Es una historia policial de un ex preso que, junto a su mujer, escapa a México, de mafiosos y de la policía. Se entremezclan traiciones y sobornos, exigencias desmedidas, tiroteos y venganzas, con escenas de notable realismo y una fuga que se convirtió en antológica. No falta la burla a las autoridades y a la policía, desfachatada y concretamente. Una posterior versión de la historia en el año 1994 dirigida por Roger Donaldson e interpretada por Alec Baldwin, Kim Bassinger y Michael Madsen está muy lejos de la de Peckinpah. Peckinpah incursionó en el cine bélico con “La cruz de hierro” (1977) con James Coburn, Maximiliam Schell y James Mason. Se acerca a la Segunda Guerra Mundial, con personajes destruidos, desencantados, desilusionados y, como en el resto de su filmografía, con una mirada ácida respecto a la autoridad. La violencia es utilizada nuevamente para mostrar la propia inutilidad de la misma. Orson Welles afirmo; “es la película antibelicista más lograda”.La muerte lo iba a encontrar a Peckinpah con algunas películas más, menores y mostrando, tal vez, un agotamiento de su estilo. “Aristócratas del crimen” (1975), “Convoy” (1978), con constantes burlas a las fuerzas de seguridad y una de espías “Clave Omega” (1983), su última película antes de fallecer por un infarto en Inglewwod, a 18 kilómetros de Los Ángeles, en California, el 28 de diciembre de 1984.El director español Gonzalo Suarez en el artículo “Sam Peckinpah, el hombre que mató a John Ford”, hace una más que atinada aproximación a Peckinpah, “Héroe y villano, más masoquista que sádico, alcohólico y lúdico, lírico y violento, actor afectado y personaje auténtico, con el infierno en las venas y el cielo en la mirada, era un generoso exabrupto en la hipócrita falacia de la jungla hollywoodiense donde se debatía con impotencia y rabia entre ejecutivos petimetres y prepotentes administradores de sueños ajenos”.Director de culto, valorado por severos críticos como Roger Ebert y Pauline Kael, su cine influyó en directores como Quentin Tarantino, el chino John Woo y Martin Scorsese. Utilizó a la violencia como estilo y a la transgresión como política. Desafío a la industria, redefinió géneros y reflejó su época.
Publicado hace 15 minutos