El Heraldo
Selva Almada, entre casas que hablan y paisajes que cuentan
En una mañana gris y ventosa, la escritora entrerriana compartió una conversación con estudiantes, docentes y lectores en la Biblioteca Popular Olegario Víctor Andrade. La voz narrativa de su última novela, la naturaleza del Litoral y el trabajo de escritura atravesaron un encuentro que también puso en primer plano el valor de los espacios culturales comunitarios.El sábado 10 de octubre, el frío y el viento parecían empeñados en retener a Concordia puertas adentro. Sin embargo, alrededor de las 10.15, mientras todavía faltaban unos minutos para el horario anunciado, la literatura ya había comenzado a convocar lectores en la Biblioteca Popular Olegario Víctor Andrade, ubicada en 1 de Mayo 141, a pocos pasos de la plaza principal.La charla con Selva Almada se adelantó a la cita prevista para las 10.30, ya que antes del mediodía la escritora debía trasladarse a otro encuentro en la Feria Provincial del Libro en la misma ciudad. El tiempo era acotado, pero la conversación encontró su ritmo entre preguntas, respuestas, libros y mates que circulaban de mano en mano.La actividad fue impulsada por el Centro de Estudiantes de la Escuela Normal, junto con la biblioteca y el club de lectura Raíces Literarias. Aunque estaba dirigida principalmente a estudiantes del Profesorado de Lengua y Literatura de la Escuela Normal N° 15 Domingo Faustino Sarmiento, también se acercaron lectores que conocían la obra de Almada y personas que se enteraron de su visita. Las sillas comenzaron a escasear y las preguntas dieron cuenta de una lectura atenta, de historias que habían dejado marcas y de la curiosidad por conocer cómo trabaja la escritora.Una de las primeras cuestiones que surgió fue la relación entre la escritura y el territorio. Ante la pregunta de una profesora sobre si había elegido convertirse en una escritora regional o fue algo que se fue dando solo. Almada recordó sus primeros talleres de lectura y escritura, donde distintas consignas dieron lugar a textos autobiográficos. Fue durante ese proceso cuando descubrió que había algo que quería seguir explorando.“A mí me gusta sentirme parte de una zona literaria”, afirmó, en referencia a ese vínculo con el Litoral que atraviesa buena parte de su obra.La pertenencia no parecía responder a una etiqueta elegida de antemano, sino a una relación construida con las experiencias, las voces y los paisajes que vuelven una y otra vez a sus libros.Un estudiante también señaló que había reconocido en sus textos escenarios y elementos naturales propios de la región. Incluso, al comentar una de sus lecturas en su casa, su familia había supuesto que la autora debía ser “de acá” porque aquello que narraba les resultaba cercano.Almada volvió entonces a su infancia en Villa Elisa, cuando todavía era un pueblo, y a los juegos en una zona periférica donde el monte, las zanjas y los renacuajos formaban parte de la vida cotidiana. “La naturaleza era como el patio de juegos para los gurises, las gurisas”, explicó.No se trataba de paisajes imaginados a la distancia, sino de experiencias vividas que después encontraron lugar en sus historias. “El paisaje entrerriano no es ficción”, sostuvo. En esa frase quedó resumido un vínculo en el que el territorio no funciona como simple escenario, sino como una materia que atraviesa la escritura.
Publicado hace 33 minutos